Hay juegos que necesitan un rato para enseñarte todo lo que tienen y otros que directamente te lanzan al caos. Vesperia Bononia pertenece claramente al segundo grupo. Desde los primeros minutos queda bastante claro que aquí no hemos venido a pasear tranquilamente por Bononia: toca correr, esquivar, atacar y tomar decisiones a toda velocidad mientras intentamos sobrevivir a un mundo convertido en una auténtica pesadilla.
Después de mis primeras partidas, una de las cosas que más me ha llamado la atención es precisamente el ritmo. Vesperia Bononia apuesta por una acción muy rápida en tercera persona y no tarda demasiado en ponerme en situaciones en las que tengo que moverme constantemente. Quedarse quieto no suele ser una gran idea, especialmente cuando la pantalla empieza a llenarse de enemigos y proyectiles.
Y aquí entra uno de los elementos que más personalidad le da al juego: los cuatro personajes.
Cuatro personajes, una misma alma
En lugar de controlar a un único héroe durante toda la partida, nuestra alma está compartida entre cuatro personajes diferentes. Cada uno cuenta con sus propias habilidades y características, y puedo cambiar entre ellos en tiempo real.
Esta mecánica cambia bastante la forma de afrontar los combates. No se trata simplemente de tener cuatro personajes y escoger uno antes de comenzar una partida. La gracia está en aprender cuándo merece la pena cambiar y aprovechar las diferentes capacidades de cada uno para crear combinaciones y sinergias.
Durante las primeras partidas todavía estoy acostumbrándome a sacar todo el partido posible a este sistema, pero creo que es una de las ideas que pueden hacer que Vesperia Bononia tenga bastante recorrido. Cuando empiezas a comprender cómo combinar las habilidades de los personajes, el combate gana bastante más profundidad.
Aquí quedarse quieto es casi una invitación al desastre
El movimiento es otro de los grandes protagonistas. Vesperia Bononia quiere que estemos constantemente desplazándonos, saltando y utilizando maniobras evasivas para atravesar los peligros que aparecen delante de nosotros.
Y eso encaja perfectamente con su planteamiento de bullet hell.
Hay momentos en los que no basta con pensar en qué enemigo quiero atacar. También tengo que preocuparme de dónde estoy situado, por dónde vienen los proyectiles y cuál será mi siguiente movimiento. Es una experiencia bastante más frenética de lo que puede parecer inicialmente.
Personalmente, es una de las cosas que más estoy disfrutando. Hay una satisfacción especial en conseguir atravesar una situación complicada sin dejar de moverme mientras intento mantener el control del combate.
Cada partida plantea algo diferente
Como buen roguelite, la experiencia no consiste simplemente en avanzar siempre por los mismos escenarios hasta llegar al final. Vesperia Bononia utiliza mazmorras procedurales y permite construir nuestro personaje de manera diferente durante cada partida.
Aquí entra la parte más adictiva del juego: recoger poderes, mejorarlos y decidir cuáles queremos mantener y cuáles han dejado de ser útiles para nuestra estrategia.
Esto hace que cada partida pueda terminar tomando un camino distinto. Una combinación que funciona muy bien en una partida puede no ser tan interesante en la siguiente, y ahí está buena parte de la gracia de experimentar con las diferentes posibilidades.
También podemos desbloquear y mejorar elementos entre partidas, por lo que cada intento sirve para aprender un poco más y acercarnos a una configuración que nos permita sobrevivir durante más tiempo.
Bononia es bastante más que un escenario
La ambientación me parece otro de los puntos interesantes. Bononia es una ciudad deformada por las pesadillas y, a medida que avanzamos, nos encontramos con un mundo que puede transformarse.
Debajo de la ciudad se encuentra una enorme red de mazmorras y catacumbas que tendremos que explorar mientras nos enfrentamos a criaturas y espíritus malignos.
La propuesta tiene un punto bastante oscuro y sobrenatural, pero el juego no abandona nunca su naturaleza de acción rápida. No estamos ante un título que quiera asustarnos constantemente, sino ante una aventura en la que las pesadillas sirven como contexto para poner a prueba nuestras habilidades.
Además, hay cuatro biomas diferentes con sus propios enemigos y jefes, algo que espero que ayude a que las partidas no terminen resultando demasiado repetitivas.
Mis primeras sensaciones
Después de estas primeras partidas, Vesperia Bononia me parece un roguelite que tiene claro dónde quiere poner sus cartas. La velocidad del combate, la posibilidad de cambiar entre cuatro personajes en tiempo real y el sistema de builds hacen que tenga bastante más personalidad que limitarse a lanzar enemigos contra nosotros una y otra vez.
Lo que más me interesa ahora mismo es comprobar hasta dónde puede llegar la variedad de las builds y si el sistema de personajes consigue mantener su interés cuando llevemos muchas horas. Es algo especialmente importante en un roguelite, porque la primera impresión puede ser muy buena, pero lo realmente complicado es conseguir que quieras volver a empezar una partida una vez más.
Por ahora, Vesperia Bononia me ha dejado con ganas de seguir jugando. Su combinación de acción frenética, bullet hell, poderes, personajes intercambiables y mazmorras procedurales funciona especialmente bien cuando todo empieza a ocurrir al mismo tiempo y tienes que reaccionar sobre la marcha.
No es un juego que quiera llevarte tranquilamente de la mano. Aquí toca moverse, experimentar y aprender a sobrevivir al caos.
Y, sinceramente, creo que ahí está buena parte de su encanto.
